Setiembre 2024: La Riqueza y la Miseria
¿Quién posee más, el rico o el pobre?
¿Quién es más rico, el que más tiene o el que menos necesita?
¿Quién es más pobre, el que menos tiene o el que menos aspira?
¿Qué entienden por ricos, qué entienden por pobres?
¿Cuál es la verdadera riqueza, y cuál es la verdadera pobreza?
Muchas preguntas surgen a la hora de entrar en este tema.
En una primera aproximación, podríamos decir que el concepto o la idea general de Riqueza y de Pobreza, puede estar ligado a la capacidad económica del sujeto, véase dinero o cosas materiales que se consideren valiosas en este estilo de vida.
En esa concepción quien posee mucho está en la riqueza y quien posee poco está en la pobreza.
¿Y la miseria? La miseria es el grado a partir del cual el ser humano no es viable; el ser humano está por debajo de las condiciones mínimas de subsistencia, está por debajo de sus posibilidades como ser humano, se le han quitado sus recursos, sus posibilidades. Ese es el grado de miseria en la que al ser sólo le queda para sobrevivir, ser esclavo de otro ser humano. En cambio en la pobreza puedes estar pobre y no ser esclavo de otro ser humano; vivir la pobreza con un grado de dignidad.
De esta manera, dejando fuera la miseria, podríamos decir que hay un elemento que aunque siempre está en cualquier manifestación de la actividad del hombre, parece que aquí tiene un valor definitivo, y es la Relatividad. Esa relatividad se hace presente para medir la riqueza y la pobreza. Y en ese sentido podemos decir que cada vez que hablemos de riqueza y pobreza estaremos ante un hecho relativo y por ende comparativo.
Por ejemplo: podemos ser muy ricos si ahora mismo nos comparan con un ser que vive en Burkina Faso. Si nos compararan con alguno de los famosos ricos, ej. Bill Gates, sería muy pobre, o al menos pobre, en relación a su capacidad económica. Es una aproximación a la riqueza y a la pobreza, en torno a el dinero, en el sentido económico.
Si ese relativismo con que medimos esas dos palabras, lo llevamos al campo del saber, el tener conocimientos, etc., sucederá exactamente lo mismo; si te comparas con un sabio serías muy pobre, si en cambio, te compararas con un hombre ignorante, que no sabe, es analfabeto, pues según este criterio serias muy ricos.
El sentido de la pobreza y de la riqueza vive en el permanente relativismo. Que no es un fenómeno aislado, de una actitud o postura de un ser, sino que compromete y se compromete con todos los demás. En la medida que quiera definirse como pobre o como rico, ha de tener en cuenta al resto. En ese aspecto, la consciencia de pobreza o de riqueza es obligadamente solidaria.
Entonces podemos decir, de manera más parcial, que Rico es aquel, que sea cual sea la medida de la riqueza, posee; y Pobre es aquel, que sea cual sea la medida de la pobreza, no posee.
Para poder indicar el relativismo de lo pobre y lo rico, la característica fundamental es la posesión.
Y en ese sentido, este estilo de vida ha marcado lo rico como lo bueno y lo pobre como lo malo. Pero si es relativo, ¿no será acaso que pobreza y riqueza son la cara de una misma moneda, y que en el ser conviven ambos personajes?
Y desde esta primera aproximación al tema nos preguntamos, ante esta relatividad que se hace presente: ¿el verdadero sentido de la riqueza está en función de lo económico, del dinero?
¿Es posible unificar esa experiencia de la pobreza de tal forma que sea una vivencia válida como mecanismo liberador?
Dicen las escrituras sagradas: “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos”
Sugerencias sanadoras:
Resignificar, no sólo, el concepto sino también la vivencia de la pobreza.
Creemos que el sentido real de la pobreza reside en la disponibilidad. Porque el que entra en el sentido de la disponibilidad, comienza, poco a poco, a vivir, a convivir con lo imprescindible y lo necesario. Y quien está disponible, inevitablemente, sirve.
Entrar en una actitud de disponibilidad y servicio nos hace bienaventurados.
Quien entra en esa actitud de disponibilidad y servicio no busca protagonismo, no manipula; no busca controlar, prohibir o mandar; no almacena; no busca ni espera recompensa.
“La pobreza del ser, en esa disponibilidad que conlleva la fluidez del servicio, hace al hombre sumiso. Le hace reconocer su verdadera posición de ‘imagen y semejanza’.” J.L.P.

