Julio 2025: La Sabiduría

Desde la Alta Antigüedad se habla de la sabiduría, los seres sabios.
Maestros, chamanes, ancianos; esos que siempre tienen la respuesta adecuada para lo que se tiene que vivir, aprender, hacer.
Eso nos podría llevarnos a preguntar: ¿ser sabio es un don? ¿Podemos hacer algo para serlo o es algo que depende del Cielo y a unos les toca y a otros no?

Desde nuestras perspectivas: “Todos los seres vivos nacen sabios”. ¿Por qué? Porque cuando se llega a la vida hay que tener unos recursos y unos medios para sobrevivir. Y eso requiere de una sabiduría innata: respiramos, comemos, dormimos, hablamos, aprendemos. Recursos y medios que no hacemos nada para que se den y se desarrollen, están.

¿Qué pasa luego, se acaba esa sabiduría?
No. podríamos decir que se va quedando dormida en la medida en que se cubre, se tapa, se solapa porque la relación con el medio se hace más compleja, difícil.
A medida que vamos creciendo, aparece el conocimiento que va a ir suplantando esa sabiduría y va a ir marcando el camino de como pensar, sentir y hacer desde un lugar más racional, más lógico. Quedando cada vez más lejos esa manera espontánea, expansiva, sin juicio ni prejuicios, que tiene el niño en sus primeros años de vida.
Y el niño que comía cantando se le educa para que ya no lo haga, y eso le lleva a reprimir su canto porque se le pone una norma.
Se va enseñando – educando en función de normas, leyes, cultura – ese aprendizaje se va clasificando, estructurando para poder dar respuestas al medio. Respuestas que si bien tienen algo de sabiduría pero está llena de conocimientos: matemáticos, filosóficos, culturales y esas respuestas dejan de tener aportes nuevos.
Cuando al conocer se le pone normas, leyes, estructuras y se le apropia se convierte en cárcel y aparece el conocimiento. Conocimiento que hoy se acepta como bueno y más adelante se cuestionará y lo que en un momento es certero y absoluto se transformará y pasara a ser falso y relativo.

Volver a rescatar la sintonía de la sabiduría, despertar esa cualidad innata del ser a través del conocer, descubrir, experimentar, volver a lo espontaneo, nos lleva a confluir en el saber: “el saber sería aquél arte, aquél arte que permite al ser establecer una sintonía con su entorno -véase en entorno cualquier situación relacionada con la vida-.”
Y de la mano de ese saber aparece el sabio, que recoge lo que va conociendo pero no lo posee; no almacena, no atesora, no se apropia de lo que va conociendo sino que se impregna de ello y continua su viaje sin mochila, vacío.
Sabiéndose ignorante porque sabe que existe un Universo por conocer al cual aún no accede pero va camino a ello.
Como parte esencial de esa sabiduría, el sabio cuenta como gran aliado con el sentido del humor porque todo le produce gozo, satisfacción, aprendizaje.

El sabio busca saber, busca sentir, busca comprender y poder enlazar unos acontecimientos con otros. Así se amplifica cada vez más en su visión del mundo y se interesa por todo lo que va encontrando, se asombra y pregunta por todo lo que va encontrando en su cotidiano vivir, nutriéndose de la simpleza y la sencillez de todo.
Esto le permite darle a las vivencias, a los contenidos, a las emociones el carácter de Universalidad.
El sabio se aleja del profesionalismo y la especialización.

Sugerencia Sanadora
Todos nacemos sabios. Asumir esa sabiduría innata y en base a ello desarrollarnos. Cultivar la curiosidad, la espontaneidad, los detalles, la sorpresa.
Volver a ese otro nivel de respuesta, como el niño, que son motivo de inspiración.
Para ello, nuestra sugerencia es entrar en vacío, que sería como entrar en el espacio oscuro entre una estrella y otra. Porque al entrar en vacío no
nos rebosamos y entramos en una posición de incorporar innovaciones y a partir de ellas elaborar inspiraciones. Es decir, aparecerán las respuestas precisas en el momento adecuado.

Ejercicio:
Sentados, concentrados en la respiración y con la siguiente posición de las manos: manos separadas con las palmas hacia arriba en el regazo juntando el dedo anular con el pulgar.
Entonces, cuando estamos ante algo que necesitamos saber, entender, comprender, sentarnos en esta posición y disposición, 15 o 20 minutos dejando que las imágenes, palabras, emociones, sensaciones fluyan en ese estado de vacuidad.
Anota lo que surja aunque no le encuentre sentido porque de seguro en algún momento el sentido aparecerá.
A modo de conclusión, pero sin concluir, porque aún está todo por descubrir. Podríamos decir que: “La Sabiduría es mantener el grado de atención, de alerta suficiente ante uno mismo y ante el entorno, para seguir descubriendo, conociendo, entendiendo y relacionarnos con él.”

Sabiduría. Como la niebla que desciende del cielo nos impregna y se hace uno con nosotros.