Marzo 2025: La Vocación

Cuando hablamos de Vocación, habitualmente, se adopta la idea de que corresponde a determinadas actividades. Es decir, por ejemplo: se admite como vocación la religiosa, la médica, es decir aquellas que en alguna medida, tienen como factor fundamental «el servicio». Y que muchas veces, se asocia a que conlleva, su realización, algún grado de renuncia y sacrificio.

Desde nuestra perspectiva creemos que sólo por el hecho de existir el Ser, es un ser de vocación. Partiendo de la convicción de que todos los seres, y en especial los seres humanos, surgen en este plano de existencia por una necesidad. Y en ese sentido, desde el momento en que surge un ser, tiene un cometido de hacer definido, concreto y específicamente totalitario, es decir, que abarca la totalidad.
Tomando esta idea es que consideramos que todo ser tiene una vocación concreta, y va a tener la oportunidad de descubrirla. Y en consecuencia de hacerla.

Su definición nos reafirma esta visión. Vocación: “dícese de aquella inclinación espontánea, instintiva, adherente y entusiasta de la realización de una función en la que el ser se encuentra con especial dotación para realizar…”
Tomando esta definición, podemos ver que nos habla de algo que pulsa desde nuestro interior y que nos impulsa a un hacer sin juicio, lógica o razón alguna. Que viene como inspiración divina y da sentido a nuestro ser y estar.
Y en su etimología nos revela que es un llamado ya proviene del latín Vocatio que quiere decir: acción de llamar.
Resumiendo, podríamos decir que cada ser por el hecho de existir es llamado a una función para la que esta especialmente dotado. Dicha función, si bien tiene un componente individual, su realización tiene un sentido en la totalidad de la existencia. Cuando ese llamado se manifiesta, y siempre lo hace, el ser se entrega por entero porque se ve identificado en su verdadera dimensión.

Pero por diferentes circunstancias -sociales, políticas, económicas, psicológicas, etc.- propias del estilo de vida que el ser ha desarrollado, ha hecho que el ser no se desarrolle en su verdadera vocación y eso le lleva a vivir justificadamente.
Esto ha constituido comunidades y sociedades en donde cada uno ha tomado un rol en su existencia que no le corresponde; esto lleva inevitablemente a que surja la competencia entre los seres que finalmente, les lleva a una postura de defensa y ataque permanente ya que nadie se encuentra en la posición que le corresponde.

¿Por qué se aleja el ser de su verdadera vocación?
Consideramos que para mantener este estilo de vida del Homus Economicus, es necesario que el ser desarrolle y esté en funciones que aporten a que este sistema se mantenga.
Es por eso que a lo largo de la evolución de ese ser se van poniendo trampas, muy sutiles, por cierto, que van desviando al ser de su verdadera vocación, que le llevan a que poco a poco deje de escuchar ese llamado interior.

Las Trampas:

  • «Eres el futuro. En ustedes confiamos»
    Eso lo está diciendo el que manda, el que ordena, el que controla, el que manipula. Aquel que quiere mantener las cosas de la misma forma, inmóviles, aburridas.
    Si son el futuro y estas son las referencias nos aseguramos que el sistema se perpetúe.
  • Culto a un tiempo, a una edad…
    “Juventud divino tesoro” donde todo se cimienta en la fuerza del éxito; en la fuerza del logro, en el poder de la salud, en todo aquello que sea conseguir, lograr, y tener un potencial de captación, de acumulación. Pero… es un tiempo muy breve.
    Preparando así al futuro consumidor que, a partir de la adulación, y la exacerbación de sus cualidades, entrará al mercado para asegurar el sistema de consumo en general. Entrando en un juego de mercado de compra y venta de ideales y vocaciones.
  • Producir…
    Ya va pasando su tiempo de juventud, ya ha sido comprado y ahora inevitablemente, luego de entrar en ese mercado de consumo, el ser entra en el sistema de producción. Tiene que producir para tener los recursos para poder consumir.
  • Establecerse
    Luego de entrar en una vida productiva es necesario que empiece a pensar en tener una casa, conformar su familia, tener hijos, etc. Es decir, replicar lo mismo que hicieron sus padres, abuelos, bisabuelos. Lo mismo o peor. Ir en la búsqueda de la estabilidad, de la seguridad. Porque hay que pensar que: «Ya no soy tan joven. Se me pasa el cuarto de hora…»
  • «Yo todo lo hago por ti». «Yo he renunciado a mis ideales y mis vocaciones para que tú estudies, o para que tú te desarrolles, o para que tú hagas lo que yo no hice».
    Pero el joven no tiene que hacer lo que sus padres o referentes no hicieron. No le toca eso, le toca desarrollar otra cosa. Lo que usted no hizo se quedó sin hacer. Ese ser que está desarrollándose le toca realizar otra función. Y si no la realiza, ésta quedará sin hacer y repercute en Todo.
  • La edad…
    La justificante por excelencia para eludir responsabilidades y compromisos. «No, yo con la edad que tengo, ya…». «No, es que yo a esta edad no se me puede exigir que …».

De esta forma, resulta que la vocación que es aquel descubrimiento que el hombre hace para dar cauce a su designio, a su destino, al objeto de su llegada a este Planeta; los ideales, que son aquellos fundamentos en los que se sustenta cualquier acción, esa idea ¡viva!, que sustenta cualquier acción, para que la acción sea continuamente renovada, no se da.

Poder ver y ser conscientes de algunas de las trampas que nos alejan de nuestra verdadera vocación, puede ser de gran ayuda para descubrir dónde nos perdimos, y sobre todo, para no ser gestores de dichas trampas.
Retomar esa escucha interna de ese llamado, que se seguirá haciendo presente, es de vital importancia.
Es una necesidad imperiosa de esta Humanidad, es parte consustancial de cada ser que esté vivo, saber que la vocación no es patrimonio de ninguna edad, y que no puede ser usurpado, manejado y utilizado por ninguna clase ni por ninguna bandera. Es propio del hombre, como naturaleza, desarrollar su vocación, gestar-se en los ideales, y ser un referencial revolucionario que permita el continuo desarrollo de la vida.

“Vocación
El eco que resuena dentro,
que clama fuera.
¡Que lo necesita!,
que todos lo precisan
de unos y de otros.”
J.L.P.