Noviembre 2025: Consuelo
Ante los sucesos que entristecen el alma; que duelen y que hieren; que no se entienden; que desconsolados quedamos; atrapados en lo mal vivido, en lo mal sentido: el CONSUELO es esa fuerza misteriosa que adopta múltiples facetas y que nos permite adaptarnos y seguir. A veces, uno mismo se consuela, otras veces son otros, pero siempre y misteriosamente, ES esa Fuerza Inconmensurable que nos ha creado, la que se ofrenda para consolarnos, o para que seamos consuelo.
Como Vida, tenemos mecanismos automáticos de consuelo, que nos permiten continuar a pesar de nuestras torpezas, dificultades y problemas. Cuando te preguntas: ¿por qué sigo? Por el consuelo.
El consuelo es ese afán de sobrevivir que bulle desde el fondo del Alma y que hace bello aquello que otros juzgan como malo o terrible.
Con suelo, el consuelo es un acto que parte de la realidad, esa realidad que nos conturba, que nos asombra, y al verla, si somos verdaderamente consuelo, descubrimos que no hay otra cosa que no sea BONDAD. Se diluye la dualidad de lo bueno y lo malo, y por un instante, nos sentimos unidos al Consuelo de la Creación, al Consuelo de la Vida, para ser un replicante del Consuelo en lo necesario, en el momento adecuado. Es un ARTE el “unirte con” que concede la Creación, para que los seres puedan seguir a pesar de sus tropiezos y tragedias.
Lo que nos consuela es la intención de BONDAD, por ello no puede haber fórmulas de consuelo.
El ser humano en su afán de triunfo, de ganancia, genera mucho desconsuelo, propio y ajeno. Y busca consolarse “evadiendo su suelo” con drogas, píldoras, alcohol, “entretenimientos”. Y cuando vuelve a la alfombra de dolores, pesares y miserias que ha gestado, por su forma de vivir, el desconsuelo se hace desolación.
Es URGENTE disponerse a recibir el consuelo, hacerse poroso para sentir la llegada de esa Fuerza Misteriosa que nos ofrece suelos, alfombras de variadas preciosuras, que llaman a nuestros sentidos en aromas, colores, texturas, que nos hacen sentir Su Presencia, como consuelo. Consuelo que se hace gozoso, complaciente, dichoso, sonriente.
Y así, por un instante, despistamos a la razón regente, y nuestros sentidos captan esa coincidencia que nos consuela, esa magia que sin explicación nos hace sonreír, esa brisa que nos acaricia y se lleva un dolor, esa palabra que sin protagonismo, nos enternece el alma. Y sin forzar, sin aparentar, sin seleccionar, ese instante nos convierte en consuelo para otros.
Es el consuelo un generador de vida, un adaptador de circunstancias, un progresivo avance, un descubrimiento.
Es, el consuelo, un mecanismo espiritual, es la manera de permanecer en este lugar del Universo, en tránsito, para sentir la experiencia de vivir. Consolados nos sentimos unidos a la Creación. Consolando, evitamos que el ánimo se afecte en lo profundo. Es un ingrediente esencial para sanar.
Y la Oración nos regala un consuelo:
“Habrá que dejarse mecer… por el desconocido Sentido de la Creación.
Habrá que dejarse seducir por la insaciable Bondad, que nos llueve cada día.
Habrá que dejarse mimar… por el amor incondicional que se nos ofrece, que ofrenda la Creación cada día” (J. L. Padilla)

