Octubre 2024: El Poder
“Yo puedo, tú puedes, él puede…” poder como verbo es la facultad o potencia de hacer algo. Pero nos estamos refiriendo a “El Poder” como esa opción que todos los seres humanos tienen todos los días: de imponer su criterio, sus leyes, su razón; de dominar a otros (en lo intelectual, afectivo, social, político, económico); de influenciar (con el grito o con el llanto) para obtener un beneficio. Desde El Poder más macro y evidente de los gobiernos, religiones, economías hasta el menos evidente de la convivencia familiar, laboral y del propio ser consigo mismo, el ejercicio de poder necesita de la mentira, del miedo, de la violencia, para permanecer; es una fuente promotora de envidia y de guerra. El poder seduce: ¡se ofrece tanto por tan poco! El poder corrompe, la ética cede sus principios al engaño y la posesión está dispuesta a todo para seguir ganando poder. El poder contagia: el jefe impone al empleado; éste a su vez, impone su autoridad en casa; los padres imponen a los hijos; y los hijos se desquitan con sus mascotas ¿Les suena?
El ser humano, justifica el ejercicio de poder, diciendo que así se comporta toda la Naturaleza. El problema, es que el ser humano cree que todo lo viviente piensa como él. No. Hay un juego de equilibrios, instintos y necesidades que unos suplen a otros, pero no hay ambición, no hay desprecio, no hay amos y esclavos. Si contemplamos a la naturaleza quitándole los atributos “humanos”, seguramente sintamos el “hacer, sin querer, haciendo”, y entremos en esa posición de “dejar que las cosas se hagan”, sin protagonismo, sin ser el centro.
Desde esa reveladora posición, seguramente sentiremos que el ejercicio del poder no es consustancial con la especie humana, tampoco. Que ha sido una opción de evolución de la Humanidad, pero que no es la única. Posiblemente, cuando el ser humano sintió su Fuerza, medible en su capacidad muscular y de movimiento; y menos medible en su capacidad de conocer, interpretar, desarrollar su inteligencia y su carácter; comenzó a diferenciarse de esas fuerzas que siempre lo acompañaban (el viento, el agua, el sol, las estrellas) y más aún de esa Fuerza Misteriosa que se diversifica en todo lo que puede expresarse en el plano de la Vida… Quizás sintió envidia, y quiso suplantar al Misterio que le rodeaba… y comenzó a decidir dominar, dañar, controlar y su Fuerza se hizo Poder.
¿Es posible otra opción?
Para que el poder se diluya, no hay que enfrentarse. El enfrentarse implica erigirse en otro poder. El poder necesita de una fuerza que se le oponga, si no, se siente inútil, incapaz, y pierde creatividad. Por tanto, si “obedezco”, es posible que se plantee la posibilidad de diálogo, pero mientras tanto, yo hago lo que siento que debo de hacer, sin enfrentarme a «las “prescripciones del poder”. En mi hacer, debo tener el rigor interno de que mis actos no impliquen un ejercicio de poder, que mis alegrías y mis penas no sean a costa de nadie, que mis convivencias se fundamenten en el diálogo y en el intercambio de las virtudes de unos y otros, en la vocación de servir.
Es una posición humilde, que se sabe imprescindible y necesaria al igual que todas las demás vidas; que busca el vacío y la quietud de la meditación, para que su posición en la Vida encuentre un equilibrio dinámico; que acude a la Llamada Orante, para comunicarse con la Fuerza Misteriosa que da sentido a cada paso, y donde encuentra la verdadera referencia de Amor, que no ejerce poder.
Así, es posible darse cuenta que el Poder que ejercita el ser humano, realmente no existe, es una pesadilla de la que necesitamos despertar. Ya no me produce miedo, ya identifico las trampas y decido no caer en ellas.

