Junio 2026: Pubertad y adolescencia

Nos encontramos con una fase de la vida que habitualmente se define como de transición entre la niñez y la juventud. Esto nos recuerda que es una etapa natural de nuestra evolución biológica como seres humanos: hay que vivirla.

Pero esa transición no es un pasaje dulce y suave sino que es “como entrar de un día soleado a una tormenta” (JLPadilla). ¡Todo cambia! Un mecanismo hormonal desencadena una cascada de transformaciones que rediseñan el cuerpo y éste comienza a crecer y a adquirir nuevas sensaciones (a este proceso biológico se le llama pubertad y es variable el momento en que se desencadena, dependiendo de la herencia y del entorno); y a su vez, se transforma el ánimo, carácter de ese ser (adolescencia: del latín en crecimiento) que comienza a preguntarse por primera vez quién es. Y es esta etapa la que sienta las bases de su identidad, como ser autónomo y a la vez interpendiente de los demás.

Este fino equilibrio, debe desarrollarse como un descubrimiento personal, por eso es una etapa en la que el ser se cuestiona lo que ha recibido hasta ahora, se cuestiona sus ídolos, su lugar en la familia y el lugar de todos los demás, se rebela ante la autoridad y busca ostentar sus propias verdades. Es una etapa que puede ser muy revolucionaria en la vida del ser, pero que suele ser presa de muchas corazas que hacen cierto el dicho de “mucho ruido y pocas nueces”.

Sexualidad: Su propio cuerpo le incita a descubrirlo como una fuente de complacencia, a la vez que surge el deseo y la atracción por otro ser. Momento delicado en el que el amor idealizado y el deseo de contacto y placer físico se alternan y a veces contradicen. Pero ello se agrava por el estilo de vida que llevamos: violento, guerrero, competitivo, materializado (que lleva a una sexualidad genitalizada a muy temprana edad). Todo ello es lo que el adolescente recibe como referencia para ejercer su sexualidad. Por lo tanto, salvo excepciones, vive una sexualidad distorsionada (no hay comunicación entre lo masculino y lo femenino, se separa la sexualidad de la afectividad, consumo de pornografía, placer rápido, violencia sexual).

La adolescencia muestra de forma descarnada, el estado en que la Humanidad vive hoy su energía sexual o soplo espiritual sensible. Es casi un llamado al adulto a revisar, replantearse cómo ha disgregado de su identidad a esa fuerza impulsora de desarrollar su proyecto vital, con gozo, con disfrute, con complacencia; y no como ahora se consume en un placer rápido que mañana ya no le dará satisfacción.

La Moda es otro elemento sensible para el adolescente porque está gestando su propia imagen, está buscando pertenecer y la apariencia física es importante. Todo ello, tomado por esta sociedad de consumo voraz, es utilizado como elemento rentable. En el adolescente puede traer graves consecuencias, como trastornos en su alimentación.

Las adicciones impiden el desarrollo anímico, intelectual y espiritual del ser, impulsa la formación de corazas que le aíslan de su propia vida. En este tiempo, la adicción a la nueva tecnología ha cambiado la forma de vivir la infancia y la adolescencia. El adolescente en la búsqueda de su identidad, puede gestarse un mundo virtual en el que nada ni nadie cuestiona su imagen virtual. Así vemos cada vez más al adolescente aislado, con su pantalla, cuando la adolescencia es el momento de agruparse, buscar pertenecer, aunque se vaya cambiando de bando, pero la vida pide interacción, no aislamiento. Ya está comprobado, científicamente el daño cerebral que implica el uso de pantallas en tempranas edades y los Trastornos de Déficit de Atención que van en aumento.

LOS IDEALES

La manera de no quedar atrapado en las corazas de esta etapa está en la apuesta sincera por los ideales.

Ideales que nos otorga ese Infinito del cual provenimos y que comienzan a florecer a temprana edad. Se albergan en nuestro corazón y nos mandan mensajes de corazonadas, esos impulsos de vida que nos orientan, nos hacen intuir nuestra vocación. El IDEAL surge del ser y se hace servicio en el entorno. Hay que promover ese movimiento desde el interior, para que el adolescente, en su momento revolucionario, no se deje llevar por la oferta y la demanda; por el mercadeo de la vida; por la palmadita en el lomo con “¡eres el futuro!”, pero sólo con el afán de que todo siga igual. Las cualidades que tiene esta etapa, las ha diseñado la Vida, sabiamente, para que aflore con certeza y plenitud, la excepcionalidad de cada ser. Hay que confiar… y apostar… y atreverse a cambiar.