Agosto 2026: Adulto – Adulterado
¿Qué significa ser adulto? Es una pregunta cuya respuesta puede ser parcial, buena para unos y no tanto para otros… y que les invitamos a hacerse.
Según su etimología, adultus es “ya crecido”, aquel que ha llegado a la plenitud del crecimiento con cierto grado de perfección y experiencia, que posee plena capacidad reproductora. Pero esos parámetros no se inscriben en una edad concreta.
Muchas veces, el que se siente adulto, siente que ha dejado de ser joven (pérdida) y que se acerca a ser viejo (final), por lo que ser adulto se convierte en un limbo, donde no hay divertimento, sólo hay trabajo, responsabilidades, deudas, comienzan los dolores y achaques.
Entre la nostalgia de la juventud y el miedo a la vejez, se pasa la edad más fructífera del ser humano.
Entonces, el hecho de crecer y tener más edad, no nos convierte en adultos auténticos.
Desde el Humanismo Sanador consideramos que cada ser es gestado por una necesidad del Misterio Creador, que nos dota de infinitos recursos para cumplir nuestra función en la comunidad humana. A lo largo de la vida, el ser va adoptando comportamientos que desde su entorno le demandan ser de una manera, para vivir la vida según la forma en la que la han concebido otros adultos. Pero resulta que lo que se van imponiendo son corazas, armaduras para defenderse, protegerse. ¿De qué? De la Vida misma, porque el ser humano de este estilo de vivir poderoso y prepotente, le tiene miedo a la Vida. Entonces, cada ser que nace como una nueva esperanza para la Humanidad, va gestando corazas, va perdiendo el hilo de sus corazonadas, de esos pálpitos, instintos, intuiciones que le dicen quién es, y así se va gestando un ser adulterado, contaminado.
Por tanto, el ser de humanidad, llega a su etapa de plenitud viviendo en la apariencia, mostrando algo que no es. Amparado tras la coraza de la mentira, es incapaz de ser consecuente con lo que siente y piensa, forjándose una coraza que le impide manifestar y expresar su proyecto real de vida. Así el adulto vive un mundo de apariencias, vistiendo las máscaras que le permitan sobrevivir en las exigencias de este mundo y en la falta de sinceridad hacia sí mismo.
Creemos importante el asumir que somos adultos adulterados, que nuestra verdadera esencia está por descubrirse, que es necesaria una labor purificadora. Seguramente así, cada ser vaya identificando sus máscaras y pudiendo discernir en lo auténtico.
No pretendamos que el mundo se ponga a nuestro servicio. ¡Eres tú quien tiene que poner tus talentos, con los que has sido dotado, al servicio del mundo!
Sentir que la verdadera responsabilidad que nos corresponde es SER QUIENES SOMOS. Es una responsabilidad ante la vida, ser claros para generar un cierto grado de clarividencia, esa corazonada que nos guía.
Si somos auténticos, originales y vibramos en las corazonadas, estamos en sintonía con la vida misma.
Y jugando con las palabras: el adulto no es “serio” en su auténtica naturaleza. “Sé Río”, sí, sé esa agua generosa de río, que recibe caudales que le nutren (lluvias, rocíos, manantiales, arroyos), y a su vez desarrolla un cauce certero, en el que nutre la vida a su paso, da todo lo que recibe y su sentido es fundirse en el mar, como esas aguas perpetuas, eternas, de otra cualidad, saladas, como el símil de la vida misma a la que el río retorna, a la que el adulto restituye, para ser lo que de él se soñó.
Ser adulto es un estado que se asume, que se va forjando día a día, con una capacidad de adaptación flexible, con una firmeza conviccionada en los ideales que le inspiran y con una consciencia clara de ser un eterno aprendiz.

