Agosto 2023: El Ahorro
El ahorro es inculcado en el ser humano desde la niñez. Alcancías con formas sugerentes, como el chanchito que se va engordando hasta “sacrificarlo”, en algún momento, con todo el capital acumulado. La ganancia poco a poco se convierte en una necesidad.
Y el ser humano busca ganar “seguridad” y guardar sus recaudos ante los “tiempos malos”; asegurarse la vejez con una pensión; asegurarse ante la enfermedad, e incluso, tener previsto su entierro. Y así, el ahorro es un elemento importante para la consciencia finita del ser, que nace y muere, teniendo todo bajo control.
Y es que “ahorro” etimológicamente es “algo que está atado”, “reservado”, “sin fluidez”, “sin libertad”.
¿Cómo surge? Cuando el ser humano se hace sedentario, delimita su territorio (seguridad), produce sus cosechas y domestica animales (control y dominio), comienza a guardar previendo sus futuras cosechas (reserva). Aparecen los excedentes de bienes y la necesidad de defenderlos, al igual que la codicia por los bienes ajenos (defensa y ataque). Sus necesidades ya no son solventadas con el trueque y comienza a surgir el valor simbólico del dinero. Su necesidad de reservarlo hace surgir a los Bancos, que a su vez sacan sus propios beneficios de la gestión de los bienes ajenos.
Así, en un flash descriptivo pero a lo largo de muchos años de historia, el homo sapiens instaura el sistema predominante hoy: el capitalismo; su estar en el mundo: la productividad y el ahorro constituye uno de los factores de mayor capacidad de movimiento económico del planeta.
¿Las consecuencias?
Pierde la fe y la confianza en las condiciones de su entorno para satisfacer sus necesidades y suplanta su referencia en la Creación por su referencia en sí mismo y su capacidad de controlar y prever su futuro.
Gesta una convivencia violenta, cambiando libertad por seguridad y una conciencia avara de sus posesiones.
Su hacer se vuelve productivo, educado desde pequeño a que la manera de ahorrar era tener ingresos superiores a sus gastos, para ello tiene que producir, hacerse rentable y obtener ganancias y beneficios.
Su hacer productivo contamina todas las esferas de su expresión, no sólo lo material, y se hace ahorrista en sus emociones, afectos, en sus pensamientos e ideas, privándose de darse en sus dones y recibir los de los demás.
Se aleja de su sentido vocacional, aquel que le lleva a dar sentido a su existencia en el darse en su virtud, porque no es “rentable” y antepone sus ganancias a su realización.
Es esclavo del consumo, porque es el factor compensador de tanta productividad, buscando un escape gratificante. Si su hacer es vocacional, en él encuentra su gratificación.
Sin libertad, sin fluidez, reservado, el ser encarcela su espíritu en una consciencia que no le permite darse en lo que es. Y enferma.
Hasta su estructura biológica le muestra que tiene recursos para desarrollarse en otras perspectivas; no ser una máquina que se usa hasta fundirla y que caduque. Lo orgánico se sustenta con un porcentaje mínimo de nuestros recursos, lo demás está dispuesto para que el espíritu se exprese en sus infinitas posibilidades.
La Creación, el Universo, Lo Divino es nuestra garantía. Todo está previsto para dar cauce a lo que somos. En el hacer vocacional los recursos necesarios están. Que nuestro hacer no esté condicionado por el dinero. Que las ideas y proyectos no estén en función a los recursos materiales, que se abran a las diferentes opciones que lo creativo nos posibilita. Y el dinero que llegue, hay que CUSTODIARLO, saber que su sentido es fluir, moverse, y seguro que aparecerá la ocasión, en la propia vocación o en la necesidad del entorno. Por lo cual no está ahorrado, está en disponibilidad de movimiento.

