Agosto 2024: Miedo

MIEDO… TEMOR

El temor: ese fantasma escapado del miedo, que tibiamente se rezuma en cada acción, en cada convivencia. El temor con que los seres se encuentran, el temor con que los seres se relacionan: un temor cargado de prejuicios, de discusiones internas, de elucubraciones falsas. El ser humano, está en un momento en que no da un voto de confianza ni siquiera a sí mismo.

Teme constantemente ser -o poder ser- agredido, atacado y, en base a eso, ¡claro!, suele atacar, agredir.

Esa actitud, sin duda fundamentada en miles de ejemplos de agresión que el ser ha sufrido y sufre por elementos de su propia especie; si se queda en ese hecho –que ni siquiera él ha vivido, pero que en alguna medida se siente protagonista- si se queda en ello, él mismo va a provocar temor en todo lo que le rodea.  La vía inevitable de ese temor,  va a ser la desconfianza.

La desconfianza lleva al ser humano al aislamiento, a la mentira,  a la agresión, a la violencia. Lleva al ser a contemplar los acontecimientos bajo la óptica de su mismidad; no incluye a nadie más que no sea él mismo.

Es como si el Ser viviera en una isla rodeada de preocupantes aguas que pueden inundar en cualquier momento sus cosechas, sus jardines, sus casas, sus ahorros, ¡sus planes!, su falsa idea de “cómo funciona el mundo” bajo el imperio de la razón.  Temor al rechazo; temor al qué dirán; temor a la propia respuesta; temor al padre; temor a la madre; temor al colegio… temores de rendimiento; temores de resentimiento; temores de odios; temores de virtudes… temores de ciencias; temores de castigo; temores de advertencias; temores de futuro; temores de ahora, por ser ahora, y luego, por ser luego. El temor, lleva al desespero y al terror.

El hombre, progresivamente –hasta llegar a hoy–, ha dejado de creer en la bondad; ha dejado de creer en la sencillez; ha dejado de creer en la sinceridad; ha dejado de creer en el servicio; ha dejado de creer en el amor.

CREER es una de las experiencias más creativas que existen. Permite que el ser recupere la CONFIANZA en los recursos que tiene la VIDA. La Vida, no duda, no tiene temor, porque obedece a un plan de universo infinito y misterioso que hace a cada entidad viva, interpendiente y solidaria con todas las demás. La confianza amplifica nuestros recursos porque los pone al servicio de lo necesitado.

El temor es una puñalada siempre latente: es un dolor de cabeza que no se acaba de ir nunca y siempre está llegando. Se alimenta del “disgusto” de que las cosas no son según el gusto de cada cual, no se ajustan al código establecido. Y ese cúmulo de “errores” entre lo que se piensa, se siente y se hace (siendo el ser la referencia de sí mismo) va ensombreciendo la alegría, el humor queda sepultado en la losa de los pesares. Ese ánima lúgubre, tétrica, desesperante convive buscando los puntos débiles de cada cual, sus defectos y torpezas, es incapaz de recrearse y admirarse en las virtudes que a cada uno le adornan.

Para estar un poco ligeros y no acumular temores: ajustarse a lo que puedo hacer, sin sentirme superman o superwoman, así, el HUMOR va a mejorar… y acercarse al AMOR. La alianza creyente… desde lo infinito hasta el presente; el Misterio que nos cuida, que nos adorna… son los recursos que pueden disolver la desconfianza –hoy, que parece que la confianza es un delito–; son los recursos que pueden diluir… la potencial violencia –que parece que es una obligada defensa–; son los recursos que pueden ahuyentar el temor: ese fantasma escapado del miedo, que tibiamente se rezuma… en cada acción o en cada adulación o en cada convivencia.