Junio 2023: Rencor

El  rencor es una enfermedad, entendiéndose por ello, una actitud impropia del ser como entidad espiritual.

El rencor hace a la cosecha de la virtud, una cosecha pobre, de granos pequeños. Es como si se hubiera quemado la tierra.

El rencor es como estar en un avispero, la colmena del rencor siempre está habitada, y el zumbido no deja oír.

Hay rencores que se “heredan”, se transmiten familiar, social, cultural, religiosamente. No se sabe cómo comenzó, pero cada uno lo alimenta y lo replica: la idea de ENEMIGO. El rencor mantiene la vitalidad del poder de nuestro estilo de vida:  mantener renovados los odios, generar envidias, competencias, promover culpas, condenas, sentencias, justicias. Es el gatillo que promueve la necesidad de armas, guerras, disputas.

Y sostenido el mundo por este pilar, cada ser despierta al rencor ante algo que siente como daño, como ofensa, y que queda inflexible, rígido, amargo. Queda como el agua retenida de una represa y su fuerza es desproporcionada al motivo que la generó. En la búsqueda de recuperar el equilibrio perdido, el ser  imparte su justicia (juicio-condena-castigo) y desarrolla en obra y/o pensamiento, la venganza (que dicen que es dulce) y consecuentemente la ira y violencia. Es un círculo sin fin en el que rencor-odio-venganza-ira-violencia vuelven a profundizar la herida y no curan.

Ante este panorama, ciertamente necesitamos pistas, recursos que nos abran a nuevas posibilidades.

Empecemos por no condenar este sentir (que a nadie le gusta pero es parte de todos) sino de buscarle un sentido liberador.

El rencor no es un sentir autónomo sino que surge de una imposibilidad de amar, de una vivencia errónea del amor. Debemos encauzarlo hacia ese sentir de amor.

Podemos preguntarnos, ante el “daño” u “ofensa”, si realmente fue tal, si el otro tuvo esa intención o fue mi interpretación. Para ello, también, puedo elegir, en vez de ser juez e impartir una condena, comenzar con la presunción de inocencia. Muchos “daños” dejarán de serlo.

Con respecto a la interpretación, que uno ha hecho de lo ocurrido, podríamos preguntarnos si no estamos haciendo el mundo a nuestra medida, y en “mi” mundo, al ser el centro, todo gira a “mi” alrededor y se convierte en muy “personal”

¿Qué tal si amplificamos un poco las referencias? ¿Qué tal si me sitúo bajo la influencia de unas Fuerzas Creadoras que incluyen una infinidad de factores interdependientes de los cuales soy una ínfima parte y así puedo aceptar que muchos acontecimientos tienen necesidad de ocurrir, para una evolución de la trama solidaria de la vida?

En la medida en que el ser se aleja de la Creación, como Fuerza misteriosa que mantiene y entretiene la vida, se aleja también de la fuerza amorosa que le sustenta…. Se va haciendo poderoso en SU mundo a SU medida y construyendo enemigos… ¿no es eso un fracaso en la vivencia del Amor que lo sustenta sin culpas, lo sustenta sin justicia ni castigos… lo sustenta derrochando perdón?

El sentido liberador del rencor, puede llevar al ser a reconocer que ha surgido de un amor mal sentido, mal entendido, mal vivido y el dejarse sentir en lo virtuoso, en lo sincero, lo lleve a perdonar-se tanto despropósito, que es como volver a sentir, el permanente perdón que sobre cada uno se derrama. Sin justicias, sin competencias, sin mentiras, sin envidias, sin egoísmos… los sentidos se limpian y tan sólo contemplan el futuro liberado:  vivir sin rencor.