Junio 2024: La Envidia

Es definida por la RAE como tristeza o pesar por el bien ajeno. En su etimología nos alude a poner la mirada sobre algo. En la religión católica constituye un pecado capital, germen de otros pecados menores. En la psicología se le considera un sentimiento natural que se desarrolla en la infancia en la etapa de socialización. Muchos la consideran un acicate para la evolución, el progreso del ser humano. Algunos incluso llegan a sentirla y la expresan como “envidia sana”.

En este panorama tan variado y opuesto en ocasiones, resulta difícil de identificar, se camufla muy bien y raramente el ser se reconoce como envidioso.

Desde el Humanismo Sanador, lo consideramos un grave obstáculo para el desarrollo espiritual del ser. Destruye cualquier sentir solidario, genera frustración, insatisfacción, amargura, resentimiento, rencor. Está en el motor de muchas guerras y destrucción. En ningún caso, es sana, por el contrario, genera enfermedad.

Cuenta con varios sentires que la nutren: la posesión (apoderarse de aquello que se desea) que puede ir desde la imitación a una suplantación del sujeto envidiado; la carencia de aquello que se desea (fruto de la comparación, de la valoración); atacar, destruir lo que se desea por no poder conseguirlo (desde la crítica, el juicio, la difamación, hasta la violencia y eliminación).

La envidia es, para el estilo de vida que lleva la Humanidad, un sistema de referencia por el cual el ser humano adquiere un sentido competitivo, evolutivo y trascendente.

El ser desde su infancia va aprendiendo a imitar modelos, se le crean ídolos, y ese deseo de “ser como” dirigido a un modelo externo, hace que el ser no descubra su gracia, sus propios dones. Si a eso se le suma un temprano sentido de competencia (ganar en el terreno que sea) y consumo (creando necesidades con el objetivo de nunca satisfacerlas), es el terreno fértil para una persona insatisfecha, que desea y quiere lo bueno de “otros” que ve como rivales. La violencia está servida. Esa misma violencia que se vuelve contra sí mismo, porque no se desarrolla en su identidad y puede llegar a la autoagresión.

Estamos en la Vida como una expresión de una biodiversidad infinita, y cada ser tiene la posibilidad de descubrirse en su originalidad, en sus virtudes que no tienen punto de comparación.

Hay que abandonar la idea de que la envidia es “sana”, pero tampoco hay que combatirla, HAY QUE CONVERTIRLA.

EN-VI-DI-A: lo que vi en mí, lo di a… Darse en algo que se descubre de uno mismo a aquel o aquello que se envidia. Así se convierte en bondad y generosidad.

ADMIRAR a los demás, aquello que me atrae, admirarlo en el otro sin desearlo, sin quererlo poseer. Contemplar la belleza de la naturaleza, cada flor, cada fruto, cada color, cada aroma se realiza en lo que es, dándose en su belleza a TODO. Así, podemos llegar a vernos reflejados en la belleza de los demás.